La izquierda internacionalista debe apoyar el derecho de Catalunya a decidir

El domingo 1 de octubre de 2017, Catalunya celebrará un referéndum con la pregunta “¿Quieres que Catalunya se convierta en un Estado independiente en forma de república?” El Estado español, donde el conservador Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy gobierna en minoría, está usando todas las medidas represivas posibles para tratar de impedir la votación.

La demanda de un voto sobre la independencia es un producto de muchos factores. La explicación inmediata es la negativa de España a aceptar cambios más moderados. Un intento en 2005 de reformar el estatut de autonomía de Catalunya fue saboteado por el PP… y también por los socialdemócratas, el PSOE. En 2010, el Tribunal Constitucional español paralizó las secciones restantes de una reforma para entonces ya moderada y mutilada, desencadenando una manifestación de un millón de personas en Barcelona bajo el lema “Somos una nación. Nosotros decidimos”. Desde entonces, ha habido media docena de movilizaciones independentistas multitudinarias, de uno a dos millones de personas cada una, en un país de 7,5 millones. Un intento de celebrar un referéndum en 2014 fue prohibido, pero las elecciones de 2015 al parlamento catalán resultaron en la victoria de los partidos comprometidos con la independencia, quienes han convocado este referéndum.

El pueblo catalán quiere decidir su futuro; encuestas indican que el 80 por ciento de la población está a favor de un referéndum. No sólo los marxistas revolucionarios, sino cualquier demócrata debe apoyar esta reivindicación.

Algunos de la izquierda sostienen que la independencia es una maniobra promovida por los patrones catalanes y la derecha, pero esto es falso. La burguesía catalana se opone firmemente a la independencia; quieren estabilidad, no la incertidumbre de una ruptura con el Estado español. El movimiento independentista incluye algunos sectores de derechas, pero la tendencia general es progresista. Además de avanzar hacia la ruptura con España, el actual gobierno catalán también ha introducido medidas contra los desalojos y la pobreza energética; la prohibición del fracking; un impuesto sobre la energía nuclear; una ley que promueva la igualdad de las mujeres en el trabajo y contra el acoso sexual; prohibición de la tauromaquia … Todas estas medidas han sido revocadas por el Tribunal Constitucional español, siguiendo las exigencias del PP.

Otros afirman oponerse a la independencia desde una perspectiva internacionalista. Pero el verdadero internacionalismo siempre ha significado defender a las naciones pequeñas de la represión por parte de estados más poderosos; así lo entendieron Lenin y los bolcheviques cuando defendieron activamente el derecho a la autodeterminación y el derecho a separarse de Rusia. La solidaridad internacional de los trabajadores no puede construirse sobre la base de la represión.

Hoy en Catalunya este no es un debate abstracto.

En las últimas semanas, las medidas represivas del Estado español han aumentado, desde los registros de imprentas y oficinas de la prensa hasta las incursiones en los ministerios del gobierno catalán, con la detención de 14 políticos y funcionarios públicos. Han amenazado a emisoras de radio y televisión por difundir información oficial del gobierno catalán sobre el referéndum. Han cerrado o bloqueado 140 sitios web partidarios del referéndum. Han tratado de prohibir los encuentros solidarios organizadas en otras partes del Estado español; un ejemplo de un cambio muy positivo, y muy esperado, en parte de la izquierda española. Alrededor de 6.000 agentes de policía paramilitar han sido desplazados a Catalunya, equipados con materiales antidisturbios, ​​incluyendo cañones de agua. Todo ello pese a que no ha habido violencia en ninguna de las protestas.

Y las protestas han sido multitudinarias, especialmente las 100.000 personas que espontáneamente llenaron el centro de Barcelona el 20 de septiembre para responder a la ola de incursiones en las oficinas gubernamentales. Cuando agentes de policía enmascarados intentaron allanar (sin orden judicial) la sede del partido anticapitalista e independendista Candidatura d’Unitat Popular (CUP), tuvieron que marcharse con las manos vacías tras 12 horas, gracias a la protesta unitaria y pacífica que se formó frente al edificio involucrando a activistas de muchos sectores diferentes de la movimiento.

El PP se negó a abrir el diálogo y buscar una solución federal, como podrían haber intentado hacer hace unos años. Tal vez creyeron que la represión sería suficiente para contener el movimiento. De hecho, su intransigencia ha sido un factor clave para ampliar el apoyo público al referéndum. Una gran parte de los “Comunes”, la coalición catalana vinculada a Podemos, ha cambiado su posición inicial y ha pasado a dar apoyo activo a la votación del 1 de octubre. Algunos sindicatos en Cataluña incluso están planeando una huelga general a partir del 3 de octubre; una propuesta muy positiva, que debe apoyar todo el movimiento sindical catalán. Los trabajadores de los puertos de Barcelona y Tarragona ya se han negado a prestar servicio a los barcos que alojan a la policía paramilitar. Todo esto es otro claro ejemplo de la importancia de los trabajadores organizados en cualquier lucha social.

Por otro lado, la represión estatal también está alentando a las organizaciones fascistas, que estaban muy debilitadas en Catalunya, en gran parte debido a los años de trabajo del movimiento antifascista unitario Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR). Ahora, la extrema derecha está celebrando la represión del PP, algo que llevaban exigiendo desde hacía años, y salen a la calle violentamente en contra del referéndum. La unidad más amplia posible en la lucha contra el fascismo será esencial en los próximos meses, cualquiera que sea el resultado del referéndum.

Condenamos la represión del Gobierno español (que ya ha sido cuestionada por importantes organizaciones de derechos humanos) y enviamos nuestra solidaridad a lxs ciudadanxs de Catalunya, que se enfrentan valientemente a ella. Defendemos plenamente el derecho de Catalunya a decidir su futuro en el referéndum del 1 de octubre. El voto debe ocurrir y su resultado debe ser respetado.

La decisión depende de la población de Catalunya, pero apoyamos el voto por la independencia, así como hicimos campaña por el voto por el sí en Escocia. Estados como Gran Bretaña y España no son un instrumento de progreso, sino armas en manos de nuestros enemigos, tanto contra sus propias poblaciones como contra quienes en todo el mundo son explotados por multinacionales británicas o españolas. La independencia de Cataluña sería un golpe importante contra un Estado imperial.

Esta lucha es importante para todos nosotros a nivel internacional. La derrota del pueblo catalán sería una señal de que la represión brutal puede funcionar. Pero su victoria contra un gobierno de derechas que dispone de toda la maquinaria estatal podría inspirar luchas democráticas y sociales de todo tipo, en muchos países y contextos diferentes.

El pueblo catalán merece nuestro apoyo. Necesitamos movilizar una solidaridad activa ahora, alrededor del referéndum, y en las próximas semanas y meses para hacer frente a la reacción previsiblemente furibunda del Estado español. Debemos presionar a nuestros gobiernos y a la Unión Europea para que condenen la represión y reconozcan el nuevo Estado si Cataluña declarara su independencia.

Nada de esto será simple, y una izquierda internacionalista coherente es esencial para hacer frente a los muchos problemas y contradicciones que surgirán. La movilización masiva en respuesta a la intransigencia del PP crea una situación en la que la izquierda revolucionaria puede avanzar. Pero el punto de partida debe ser un apoyo total a los derechos democráticos del pueblo de Catalunya.

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